TEXTOS ÉPOCA JULIANO


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Así en la Vida de San Basilio del Pseudo-Anfiloquio aparece un San Mercurio que baja del cielo para matar a Juliano, que había comprado el imperio al demonio valiéndose de la magia negra y de sanguinarios sacrificios.

José García Blanco, Discursos de Juliano, Tomo I, Introducción



Hubo en esta ciudad [Alejandría] dos bibliotecas de valor incalculable, y según los testimonios verídicos de antiguos datos, unos setecientos mil volúmenes que habían sido depositados allí gracias al enorme esfuerzo de los reyes Ptolemaicos ardieron en la guerra Alejandrina, cuando la ciudad fue saqueada en tiempos de la dictadura de César.

Amiano Marcelino, Historia, 22.16.13




Sin embargo, éste fue el comienzo de los mayores bienes para él y para el mundo. Porque allí permanecía oculta [en Nicomedia] una chispa del arte adivinatorio que a duras penas había escapado de las manos de los impíos [cristianos]. Gracias a ésta tuviste [Juliano] la oportunidad de rastrear por vez primera lo oculto y, subyugado por los oráculos, pudiste refrenar tu vehemente odio contra los dioses.

Libanio, Discurso de Bienvenida a Juliano, 11




En su propia casa, Sosípatra mantuvo una cátedra de filosofía que compitió con la de aquel, y después de asistir a las lecciones de Edesio, los estudiantes querían oír las de ella; y, aun cuando no había ninguno que no estimara en gran manera y admirara la cuidada sabiduría de Edesio, ellos adoraban y reverenciaban positivamente la inspirada enseñanza de la mujer.

Eunapio, Vidas de Filósofos y Sofistas





Tan pronto como llegaste a Jonia y viste a un hombre que no sólo parecía, sino que era sabio en realidad [Máximo], le oíste hablar sobre los dioses que han construido el universo y velan por él, contemplaste la hermosura de la filosofía y probaste la más dulce de las fuentes, al punto te sacudiste el extravió y, tras romper como un león tus ataduras y librarte de la oscuridad, recibiste la verdad a cambio de la ignorancia, lo genuino por lo espurio y a los antiguos rectores del mundo en lugar del dios que recientemente ha irrumpido para perdición nuestra [Cristo].

Libanio, Discurso de Bienvenida a Juliano, XIII, 12





Pero, ¿podemos acaso hablar de estos temas? ¿Vamos también a escribir sobre lo que no puede decirse y vamos a divulgar lo impenetrable e irrevelable?

Juliano, A la Madre de los Dioses




Para investigarlos y para encargarse de ellos fue enviado Paulo, ese notario a quien nos vemos obligados a mencionar con frecuencia, experto en todo tipo de artes cruentas y quien, si el maestro de gladiadores obtiene lucro y beneficios del comercio de funerales y juegos, él lo buscaba del tormento y de las ejecuciones.

Amiano Marcelino, Historia, 19.12.1




Oyó decir [Juliano] que había en Grecia una sabiduría más elevada, cuyo poseedor era el hierofante de las diosas [Deméter y Perséfone] y se apresuró a acudir a él a toda prisa. El nombre del que era por este tiempo hierofante no me es lícito decirlo; pues él fue el que inició al autor de esta historia. Por nacimiento era descendiente de los Eumólpidas. El fue el que, en presencia del autor de este libro, predijo la ruina de los templos y la destrucción de toda Grecia.

Eunapio, Vidas de Filósofos y Sofistas




Constancio heredó de su padre la chispa de la inclinación a las malas acciones, convertida por él en un gran incendio, pues hace saquear los tesoros de los dioses, derriba los templos, anula los sagrados cánones.

Libanio




A pesar de que era aquélla su primera experiencia con las armas y la guerra, y pese a que se disponía a sacar soldados aterrorizados contra otros acostumbrados a la victoria, vistió con tanto desparpajo su armadura, como si desde el principio hubiese manejado un escudo en lugar de libros, y tal era el arrojo con que avanzaba, que se diría que encabezaba un ejército de diez mil Áyax.

Libanio, Discurso Fúnebre por Juliano, 38





Además, los poderes elementales, aplacados por diversos ritos, proporcionan a los mortales vaticinios que parecen proceder de regueros de fuentes eternas, vaticinios que, según se dice, están presididos por la diosa Themis, que recibe este nombre porque da a conocer lo que las leyes del destino tienen determinado para el futuro.

Amiano Marcelino, Historia, 21.1.8




Durante el sueño, había visto esa forma mediante la que suele mostrarse el Genio protector del estado [genius publicus], que le manifestaba los siguiente reproches: «Ya hace tiempo, Juliano, que observo en secreto el vestíbulo de tu hogar, y que intento mejorar tu situación. Sin embargo, en ocasiones, me he marchado como rechazado. Por eso, si no soy recibido ni siquiera ahora que cuentas con el apoyo de todos, me iré humillado y triste.»

Amiano Marcelino, Historia, 20.5.10




Los dioses nos revelan señales del futuro y, si al descifrarlas, alguien se equivoca, no habrá errado la divinidad, sino la conjetura humana.

Cicerón, De la Adivinación, I, 52, 118




«Pienso que has olvidado que hemos sido educados para creer que es el deber de los genuinos helenos, especialmente si éstos son hombres instruidos, no ceder en modo alguno ante los primeros obstáculos con que se encuentren: Sino más bien luchar con los poderes celestiales hasta conseguir que ellos se inclinen en favor de su servidor.»

Eunapio, Vidas de Filósofos y Sofistas

Palabras de Máximo




Entre éstos [cohorte de aduladores de Constancio] destacaba un secretario nacido en Hispania, Paulo, verdadera serpiente de rostro impenetrable, sumamente astuto para husmear las mil formas ocultas de los peligros.

Amiano Marcelino, Historia, 14.5.6




Luego, él [Juliano] hizo llamar al hierofante desde Grecia, y habiendo realizado con su ayuda ciertos ritos conocidos solamente por ellos, cobró ánimo para abolir la tiranía de Constancio.

Eunapio, Vidas de Filósofos y Sofistas




Y puesto que, a este príncipe erudito y aficionado a todo tipo de saberes, ciertas personas malvadas le achacan la utilización de artes malignas para prever el futuro, debemos apuntar con brevedad cómo este tipo de conocimiento, nada inútil, puede interesar también a un hombre prudente.

Amiano Marcelino, Historia, 21.1.7




¿De qué manera llegó a ser Augusto? […] Era un dios quien los impulsaba [a los soldados] sin que éstos hubiesen previsto nada, sino que la palabra se anticipo a la reflexión. […] Él levantaba la vista al cielo [Juliano] y tanto la entrega como la aceptación eran voluntad de los dioses. Del mismo modo que no creemos que los oráculos procedan de la Pitia, sino del dios que envía sus vaticinios a sus labios, considérese en este caso que lo sucedido era obra de dioses que impulsaban a los soldados y los animaban a coronar su cabeza.

Libanio, Al Emperador Juliano Cónsul, 59-60




«Cuando Zeus llegue a la extensa zona del ilustre Acuario, y Cronos alcance el grado veinticinco de Virgo, entonces Constancio, emperador de Asia, encontrará el odioso y triste final de su agradable vida.»

Amiano Marcelino, Historia, 21.2.2




Se purificó en su mancha [el cristianismo] y reconoció a los verdaderos dioses en lugar del que se hace pasar por tal [Cristo], valiéndose de la filosofía en su busca de la verdad. Aquel día yo lo llamo el comienzo de la libertad para la tierra y considero dichoso el lugar que acogió el cambio y felicito al sanador de tu juicio [Máximo].

Libanio, Al Emperador Juliano Cónsul





A imitación de lo cual, el diablo hizo lo propio en los Misterios de Mitra, pues vosotros sabéis o podéis saber que ellos tomaron también pan y una copa de agua en los sacrificios de aquellos que están iniciados y pronuncian ciertas palabras sobre ello.

Justino Mártir




Poseidón sacudió la gran capital sita en Tracia [Constantinopla] y se extendía la noticia de que, en el caso de que alguien no aplacase al dios, la desgracia de la ciudad persistiría. Entonces Juliano, cuando se enteró de ello, se puso de pie en medio del jardín y, recibiendo en su cuerpo la borrasca mientras que los demás estaban a cubierto bajo las techumbres, todos los contemplaban llenos de estupor. Aquel hombre divino continuó resistiendo y, al final de la tarde, logró amansar al dios y conjurar el peligro.

Libanio, Discurso Fúnebre por Juliano, 177



Llenó de todos los confines del mundo una hueste entera de magos y encantadores, adivinos, augures y sacerdotes mendicantes un taller de toda artimaña concebible. ¡Hasta el palacio imperial estaba lleno a rebosar de fugitivos de la justicia y hombres de infamia!

Juan Crisóstomo, De S. Babyla contra Iulianum




Planeaba restaurar sin mirar en gastos un templo de Jerusalén, templo magnífico en otro tiempo y que, tristemente fue destruido después de muchos y mortales combates.

Amiano Marcelino, Historia, 23.1.2





El notario Paulo, conocido como cadenas –a quien no podemos nombrar sin escuchar los gemidos de muchos–, fue quemado vivo, encontrando así el final que podía esperarse.

Amiano Marcelino, Historia, 22.3.11




En primer lugar, una sola e importantísima [razón]: Que los designios de las Moiras son inamovibles y que, tal vez, una Moira persigue la tierra de los romanos, como antaño la egipcia. Como era preciso que nuestra tierra sufriera menoscabo y, viviendo Juliano, hubiera impedido su realización al traernos la felicidad, tuvo que ceder ante el curso de lo peor, a fin de que no prosperasen quienes tenían que pasarlo mal.

Libanio, Discurso Fúnebre por Juliano, 298




«Sé perfectamente que el don que se me había encomendado era no sucumbir ante dificultades temibles, ni sentirme abatido, ni humillarme jamás. Y, por experiencia, soy consciente de que, si los dolores hacen sucumbir a los débiles, no producen en cambio efecto en personas tenaces.»

Amiano Marcelino, Historia, 25.3.16

Palabras de Juliano




A pesar de ello, Juliano no prestó atención a este sabio consejo, y continuó su marcha muy confiado, porque no existe ninguna fuerza, ni cualidad humana alguna que pueda conseguir que no suceda lo que está escrito en el destino.

Amiano Marcelino, Historia, 25.5.5




Cuando a tu cetro hayas sometido la raza de los persas, hasta Seleucia persiguiéndolos con la espada, entonces hacia el Olimpo subirás en un carro de fuego que la región de las tempestades agitará en sus torbellinos. Librado del doloroso sufrimiento de tus miembros mortales llegarás a la luz etérea de la regia corte de tu padre de donde te extraviaste antaño cuando viniste a morar en el cuerpo de un hombre.

Jean-Michel Angebert, Los Místicos del Sol



Al oír la noticia, levanté la vista al cielo aguardando que cayeran gotas de lluvia mezcladas con sangre, como las que soltó Zeus por Sarpedón, pero no las vi. No obstante, tal vez el dios las vertió por el cadáver de Juliano, pero la mayoría no las vio, como es natural entre el combate, la polvareda y la sangre que manaba de cuantos morían.

Libanio, Canto Fúnebre por Juliano, 33